Estos días de vacaciones, alejada temporalmente del aula me ofrecen tiempo y tranquilidad para, entre otras cosas, pensar y repensar el quehacer educativo -sin obsesionarme, pero siempre me producen este efecto los finales, de trimestre, de curso-. En ello estaba y he vuelto a toparme con la lectura de Edgar Morin. Aunque queda lejos su publicación, volver a los siete saberes que propone en su libro homónimo el pensador francés ayuda a empezar este trimestre de primavera, alegre y alborotado, con la esperanza de poder renovarnos en nuestra tarea como invita el tiempo, al menos en estas latitudes del hemisferio norte. 

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