La formación de un futuro profesor de secundaria consiste en un máster de un año que le habilita para la docencia. En este máster se pretende condensar todo lo que un docente debería conocer para llevar a cabo su labor: psicología, sociología, didáctica, programación educativa…. Es decir, consiste en un batiburrillo de nociones generales que se complementa con un breve periodo de prácticas. Y este batiburrillo no incluye unas nociones básicas sobre biología.

Aunque tampoco se proporcionan estas nociones en los estudios de grado que ofertan las Facultades de Ciencias de la Educación, las antiguas Escuelas de Magisterio. En ellas, salvo las obligadas referencias a Piaget, Skinner y Vygotsky, la formación de los futuros profesores no incluye lo que la ciencia, y en particular la biología, sabe sobre el desarrollo y la maduración de los seres humanos. Apenas describe los cambios orgánicos y metabólicos que se producen, así como su incidencia en el funcionamiento del organismo, lo que incluye la forma en la que aprende y lo que es capaz de aprender.

Parece que biología y educación son dos términos contrapuestos, ya que, en muchas ocasiones,  educar consiste en reprimir o canalizar ciertas tendencias biológicas, en dominar lo que tradicionalmente se ha llamado nuestra parte animal, nuestros instintos, aquello que nos queda de salvaje. Al educarnos aprendemos a vivir en sociedad.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/biologia-y-educacion

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