El pan ya no es lo que era. Entre harinas de mala calidad, levaduras y estabilizantes hemos perdido el paladar al pan de pueblo lo mismo que a los huevos de corral. Algo de esto pasa con la formación permanente en Andalucía, que a base de poner en la mesa una formación de calidad ramplona, a ver quien le saca el gusto ahora a la que se plantea desde Consejería con la nueva normativa sobre Grupos de Trabajo como modalidad formativa en Centros. Tanto cuidado han puesto en los ingredientes que finalmente el Profesorado va a optar por comer sin pan. Mi padre fue toda su vida molinero y entre cientos de anécdotas me contaba como su padre y él mismo, maquilaban la harina de cada molienda en tiempos del estraperlo, cuando los molinos estaban precintados y había racionamiento. El maquilar no era otra cosa que sacar con un celemín una cantidad de harina por cada saco molido. Como puede uno imaginar dicha maquila era oscilante en función de la cantidad de sacos a moler, incluso de la producción de grano de aquel año. Si había sequia o la guardia civil estaba sobre aviso la producción de trigo bajaba, la harina producida descendía y la maquila era mayor y de la primera molienda, es decir, de aquella en la que el trigo molido era de mejor calidad. La Consejería ha “maquilado” en los sacos de harina de los CEPs como en tiempos de sequia y lo ha hecho sin medida. ¿ Qué hay detrás, una racionalización de los recursos, que es lo más socorrido en tiempos de crisis o la búsqueda de prácticas más innovadoras?. La nueva fórmula es más moderna, y más exigente, pero al ser más restrictiva y fiscalizante va a dar lugar a un nuevo estraperlo formativo y al abandono de la fórmula que hasta ahora procuraba al menos una línea de reflexión-acción en los Centros. Se ha hecho con sutileza, sin coordinación y casi con nocturnidad, cuando ni a los CEPs ni a los Claustros les va a dar demasiado tiempo para cumplir las premisas de la norma. Se acabaron los Grupos de Trabajo Intercentros o los interciclos, por la limitación del número de miembros. Claro que analizando bien la molienda, la gente buscará harina de cualquier tipo, porque al fin y al cabo y a la vista de los que han promovido el cambio, ¿Qué eran un grupo de trabajo sino un plan preconcebido de baja acción ideado por unos cuantos profesores ávidos de puntos con más de un acta inventada al final de curso y unas cuantas facturas recogidas a última hora para justificar gastos?. Los Grupos de Trabajo en un colegio se formaban la mayor parte de las veces en función de variables muy diversas, tales como si el año era de oposición o no, la cantidad de profesores provisionales que pretendían el traslado, o incluso la exigencia del Director en el cumplimiento de las horas de trabajo personal, Las menos, eran el resultado de un proceso de debate y discusión del Claustro o los equipos docentes sobre el plan formativo común para el desarrollo del Proyecto Educativo, pero al menos eran, con todos estos ingredientes, el único foco de investigación-acción activo que había en los Centros . Eran una luz, tenue, pero luz al fin y al cabo para la mejora de las prácticas docentes y la puesta en marcha de modelos de procesos para la reflexión acción en los que se han venido implicado numerosos grupos de compañeros. Para comer pan ahora habrá que esperar a las “terceras” que era aquella harina de peor calidad que caía de la limpia, la parte más dura, árida y menos horneable del trigo, esto es, los cursos presenciales, tan variopintos, y flexibles, en los que entre las primeras preguntas siempre hay alguien que interroga sobre la cantidad de ausencias permitidas.

Hubo algunos asesores, molineros adelantados a su tiempo que pensaron en la solución on-line que tan buenos resultados está dando entre los que aciertan a abrir la cuenta de correo o la plataforma moodle de turno. Pero hay aún muchos estómagos que no se hacen a esta harina de tan lenta digestión. Puede que ahora con la escuela 2.0 y la proporción de ordenadores que tendremos en algunos cursos de algunos centros TIC (ordenador y medio por alumno/a: el del pupitre para cada dos y el portatil), esta variedad de pan cuaje y fermente.

Finalmente, quiera o no la Consejería o el Sr Ministro, mientras no arraige la apostasía del funcionariado, habrá un gran porcentaje que se conforme con el atrecho, restos de harina en el suelo, que se barría con escobas de mimbre, muy apreciado por las gallinas ponedoras y que tiene parangón con esos otros cursos de formación a distancia en los que algunos se matriculan por justificar horas.

¿Tan difícil es poner orden en este molino?. Porque si alguien tiene que vigilar la molienda, las piedras de granito, su desgaste y hasta la balsada de agua que las moverá y no confían en los Asesores como molineros, condenándolos poco a poco al ostracismo, ¿cómo pretenden que los que estuvimos acostumbrados a comer pan de pueblo nos dejemos convencer por los que desayunan con pan de molde y se creen que los molinos siempre han estado electrificados?. O mucho me equivoco o la nueva fórmula de formación en centros será un fracaso.

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