En nuestro afán de simplificar el mundo, para hacerlo más manejable, es habitual polarizar el pensamiento político en dos tendencias, la izquierda y la derecha, cada cual con su correspondiente ideología y los comportamientos asociados que se esperan de ella. Así, por ejemplo, de un gobierno de izquierdas se espera que redistribuya la riqueza y reduzca las diferencias entre las clases sociales, beneficiando a los más desfavorecidos, mientras que de un gobierno de derechas se espera lo contrario, que actúe respetando la iniciativa privada y las reglas básicas del mercado, en el que unos tienen éxito y otros fracasan. Unos practican una política más social, más centrada en el colectivo, y los otros ejercen una política más individualista, más orientada hacia el individuo.

En esta línea, y siendo muy esquemático, una política de derechas preconizará un sistema educativo basado en la meritocracia mientras que una política de izquierdas defenderá un modelo que busca el igualitarismo; es decir, en un caso se busca seleccionar a los más inteligentes a costa del resto mientras que en el otro se persigue eliminar las diferencias, perjudicando con ello a los que podrían destacar.

Y en ninguno de los dos casos se beneficia a los más inteligentes, sino a los más listos; a aquellos que saben aprovechar en su propio interés los automatismos, los vicios y las debilidades de cada sistema. Porque alguien realmente inteligente, más que títulos, necesita desafíos a su inteligencia y ninguno de los dos modelos se lo ofrece. El primero solo le suministra una sucesión de contenidos y saberes encadenados que conducen a una meta establecida de antemano mientras que el segundo simplemente le aburre o le hastía.

En ambos casos tampoco se ayuda a los que no dan la talla, cualquiera que sea lo que se entiende por talla y cualquiera que sea la talla que se establezca. Porque tan poca ayuda es exigir lo que no se puede dar como pedir menos de lo que cada uno podría llegar a alcanzar. El resultado es el mismo: que el afectado no se mueva o se mueva muy poco, que no dé todos los pasos que podría dar para recorrer su propio camino.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/meritocracia-e-igualitarismo

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