“Lento es el enseñar por medio de la teoría,
pero breve y eficaz por medio del ejemplo”
Séneca

“Un buen maestro es el que sabe extraer
una nueva verdad de un saber antiguo”
Confucio


Scheherazada reeducó al rey Schahriar . En vez de satisfacer directamente su placer con sus encantos e intentar asi aplacar su odio y su sadismo, diseñó y puso en práctica un proyecto, un plan estratégico basado en su propia experiencia, en su conocimiento, en su autoestima, en la escasez, y en su grupo interno. Sherezade era pragmática, un ser práctico, que hizo de su experiencia una bandera no declarada para reeducando al rey evitar la tragedia de otros seres humanos amenazados, y de ese modo, se dio fuerzas para que esa tarea transcendiese lo individual hacia un horizonte social.

Sherezade consiguió que el rey estuviese mil noches escuchando sus relatos, cuentos que eran sugerentes y hablaban de viajes, de historias de amor, de fantasías, .... pero eran prácticos porque captaban la atención y evitaban que el rey entrase en cólera, desvariase y cortase también su cabeza. Eran cuentos de amor y de belleza que sinuosamente evitaban la fealdad, la arbitrariedad, la incontinencia, la inconsciencia, la brutalidad, la injusticia de los actos del rey. Era una especie de lucha por la regeneración social .
El rey recibía lo que realmente necesitaba para regenerarse como persona, lo que precisaba para hacerle superar su frustración visceral por engañado. Al final, su casamiento consigue consolidarse y evitar más daño real.El rey se rinde a la inteligencia y a la pasión de una gran educadora que le hace traspasar los umbrales de su agujero negro y transcender en otro mundo, en otro paradigma, donde las pulsiones y los odios se conviertan en paces y amores.

Sherezade se dotó de una observadora, de su hermana Doniazada, y de un método. La instruye y le dice: “Te mandaré llamar cuando esté en palacio, y así que llegues y veas que el rey ha terminado su cosa conmigo, me dirás: `hermana, cuenta alguna historia maravillosa que nos haga pasar la noche´. Entonces yo narraré cuentos que serán la causa de la emancipación de las hijas de los musulmanes”. La protagonista monta una estrategia, se dota de recursos para conseguir sus objetivos y se anticipa a la realidad.

El rey evitaba que la vida continuase. La gran educadora, Sherezade, lo envuelve en un juego diferente, en un juego consciente con muchos ingredientes. Primero, es un espacio coherente con lo que pretende (ataca el problema en su base, pero en vez de hacerlo directamente, lo hace sinuosamente, siguiendo rutas eficaces e indirectas –la línea recta no siempre es la mejor opción para llegar a un punto, al menos en relaciones humanas-).

Después, en lugar vez de intentar satisfacer el deseo, para hacer rebosar su belleza en el balance de la pulsión, aborda su supervivencia como un proyecto, como una estrategia de sueños, fantasías, .... todas inacabadas , al menos, en el momento en que si se acabasen podrían ser un riesgo, por lo que cada noche deja sin finalizar su fantasía, su relato, con lo que el rey presa de la escasez, no puede decidir más que la espera a la finalización del relato.

El aprendizaje es algo inacabado, como los cuentos de Sherezade. Nos marcamos horizontes sólo vislumbrados, pero no alcanzados, porque la ciencia y el conocimiento tampoco están acabados, pero tantas veces se muestra al alumno como una “estazioni Termini”, se le cuenta como lo que ya sabemos, y no como un proceso de construcción que todos los días renovamos.

Sherezade tiene una estrategia, un proyecto, no sólo quiere contar cuentos, sino que lo hace de determinada forma, es sugerente, es exótica, es profundamente atractiva, induce a soñar; ella misma no sueña, pero vive el sueño de/para el otro, intentando sobrevivir. Su pensamiento le conduce, pero pone emoción. La estrategia es decisiva, el método es decisivo. Lo que cuenta también, pero menos. Es más, cuando llega a instalarse en una metodología eficaz, hasta los cuentos empiezan a ser menos interesantes, pero el rey no puede dejar de oírlos –ni tampoco el lector pierde el interés- y poco a poco modera sus impulsos: “ha sido cazado por la razón y por la emoción combinadas” –a través de la razón mostrada con pasión, se le va instalando otra emoción, otro sentir en su cuerpo-.

Sherezade usa de la inteligencia, pero se supone que está tensa, como los días de estreno. Aún así es capaz de superarlo, en ello le va la vida y la de otras muchas mujeres que le seguirán si ella falla, porque lo que le motiva es conservar su vida (hay una extrema necesidad latente, un especie de dinamizador de energía superadora). Sherezade hace que el rey sea el protagonista y al tiempo el cliente satisfecho en sus cuentos. Lo convierte en protagonista porque le habla de lo que no tiene, pero que necesita y se supone que acaba siéndolo una vez reeducado, porque él mismo piensa que lo mejor es quedarse con la cuentista para que siga toda la vida contándole aventuras. Pero el rey es un cliente que todos los días renueva su estado de satisfacción, y a través de ello, transciende sus deseos, sus impulsos, y los transforma en intereses, en razones que le impiden actuar como había establecido como norma arbitraria y sanguinaria. Los alumnos son también nuestros clientes o nosotros tenemos que hacerles caminar hacia ese rol.

Lo que salva a Sherezade además de su método educativo, es su grupo interior, los personajes que es capaz de recrear a partir de su propia experiencia y de su invención. Sherezade “trabaja en grupo” su experiencia. Está acompañada de los personajes que crea o que recupera del acerbo cultural de su época. En este sentido es contemporánea de su tiempo e innovadora y a la vez esta en la tradición, en la memoria .

Sherezade es una gran maestra porque facilita, es una facilitadora, no es directiva, sino que sugerente, motiva, impulsa, dinamiza, pero no puede ni es jerárquica, ni autoritaria, facilita un marco en el que se desarrolla su enseñanza . Pero sabe marcar los límites de su enseñanza –cuando cree oportuno, se para y descansa, le da un ritmo a su aprendizaje-, los ritmos de la enseñanza, las pausas y las aceleraciones. Al comienzo hay saber enganchar, pero no exageradamente. Los primeros pasos son decisivos, aún no se tiene la confianza del alumno, pero no se puede empezar demasiado bien y caer pronto en la desgana, es mejor empezar bien y seguir bien, y saber que el alumno va a pasar por determinadas etapas y saber adaptarnos a lo que necesita emocional y racionalmente en cada paso.

Al principio, están las emociones, entonces son convenientes las razones y los horizontes. Luego están las prácticas que convierten emociones en acciones y motivación, las tareas, es preciso guiarlas metodológicamente, enseñarle a las personas a pescar más que regalarles el pescado. Después surgen muchos problemas en el camino, haciendo el camino al andar, es preciso estar ahí cerca y apoyando el proceso –“en las distancias cortas es donde uno se la juega” decía el anuncio-, aportando conocimiento, método, pero no resolviendo los problemas, sino haciendo que el grupo y las personas los enfrente. Y al final hay que saber terminar, es preciso conseguir un espacio donde el alumno se sienta que al tiempo que aporta, y es valorado en su trabajo, puede ser evaluado por los otros, y es parte importante de la educación de los otros .
En el proyecto, todos somos capaces de educarnos, unos con otros, y todos tenemos capacidades y habilidades para hacerlo. Somos profesores y alumnos al tiempo, aprendemos en un proceso continuo y dinámico, en el que el hecho de aprender es contemporáneo del hecho de enseñar: aprender enseñando o enseñar aprendiendo.

Pero también podríamos ver a Sherezade como la alumna que aprovecha tiranía del rey como oportunidad de aprender intensamente a partir de su propia experiencia y todo lo que puede aportar la libertad de pensamiento, la iniciativa, el conocimiento de uno mismo. Sherezade puede verse como un símbolo de la eficacia de la libertad y la iniciativa cuando se aplica en situaciones críticas o no tan críticas. La libertad relacionada con la experiencia, la libertad que se une a la iniciativa, y a la aventura; y esta a la tarea, al proyecto concreto.

Sherezade sería una alumna inteligente y no debemos olvidar que otras muchas le habían antecedido y habían muerto, suspendido y quizás también eran seres inteligentes. Si tratamos el tema así se demostraría que la gran mortandad real de la enseñanza tiene que ver con su grado de arbitrareidad, cuando es injusta, cuando no cuenta con los alumnos, cuando no tiene por proyecto más que acumular conocimientos –aquí, muertes-, cuando no se arriesga al error y reproduce lo ya sabido, cuando no da la oportunidad de ser proactivo y tener iniciativa.

Muchos alumnos se escapan de nuestras aulas porque son “sometidos” a unos ritmos tiranos, a unas presiones estresantes, a un desinterés a veces más que evidente, a una arbitrariedad que sólo puede ser sentida cuando no se ejerce, a unos vaivenes continuos, a una especie de ciclotimia educacional. Y como las antecesoras de Sherezade caen ejecutadas por el rey, aquí el sistema educativo, los formatos y métodos donde se valora más el contenido que el continente.

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He vuelto a recuperar a Sherezade y a “Las Mil y una noches”, porque me acompaña desde que descubrí en el final de mi adolescencia la edición de Blasco Ibáñez. Ahora he pensado en Sherezade como maestra, porque en último extremo la maestría de la vida está en las mujeres o a mi me gusta representarlo en ellas. He aprendido en/por/para/con/de/gracias a las mujeres que han rodeado mi vida y no creo que sea un caso único de hombre o mujer. Las madres y las mujeres nos enseñan a vivir, a través de la práctica, de lo concreto, de la experiencia, a través de la vida misma. Por eso he querido representarlas como Sherezade, con su sentido práctico, con su visión y horizonte de la vida, con su abnegación por los demás, por su inteligencia, por su memoria integrada en el presente, por su estima, por ser capaz de darlo todo por nosotros sin contraprestación –solo un poco de cariño y un regalito-, por representar la vida y recordarnos lo que somos, por la suavidad de sus formas, por la ternura de sus palabras, por la razón de sus consejos, por el cuidado de por vida, por su amor, ... cualidades todas ellas que pueden ser valores que ha de aprender un/a profesor/a si quiere llegar alguna vez a maestro/a.

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