En el 2006 el maestro Soler se refiere al maestro Julio Castro

Exposición de Miguel Soler Roca en el Homenaje a Julio Castro realizado en el marco del Seminario “Hacia una política educativa para personas jóvenes y adultas”, 28 y 29 de junio de 2006. Montevideo, Uruguay.

“Buenos días.
Insisto en una práctica a la que lamentablemente, no me ha llegado la hora de renunciar. Al reiterarlo no juzgo necesario justificarme ante los uruguayos presentes, y de los colegas de otros países espero su solidaria indulgencia.
Lo cierto es que no puedo comenzar a conversar sobre Julio Castro sin expresar mi condena más categórica a su asesinato, a sus asesinos, y al silencio que durante tantos años rodea su desaparición.

La pregunta que recorrió en muchos lugares de América Latina en 1977 “¿Dónde está Julio Castro?” no ha sido contestada por nadie. Hemos dejado además, de oír, en tanto víctima de la dictadura. Julio está pasando de ser un desaparecido a ser un olvidado.

Como creo en la necesidad de la memoria, vuelvo a formularla: ¿Dónde está Julio Castro? Que sus asesinos tengan el coraje de decírnoslo. Necesitamos un lugar concreto donde los escolares y maestros, uruguayos y latinoamericanos podamos depositar una flor. Y con mi dolor y mi protesta, un deseo: formulo los más fervientes votos por la paz, por el desarme y por la desmilitarización del país y del planeta.
Creo, de este modo, ser fiel a las posiciones de mi amigo Julio Castro.
Dicho esto, que me era necesario decir, pasemos a las otras, muchas dimensiones de nuestro tema de esta mañana.

Voy a referirme a Julio Castro educador:
Maestro en 1927, Director de escuela común y de práctica, Sub-inspector de Enseñanza Primaria en principio en zonas rurales, Inspector departamental, durante muchos años, de Montevideo, Profesor en los cursos de verano para maestros (que se dictaban en aquella época por cuenta de la Inspección técnica de la Enseñanza Primaria, yo fui su alumno en el año 1940 en el local de la escuela que hoy lleva su nombre en Colonia y Cuareim), Profesor de las materias “Filosofía de la Educación” y “Metodología” en los Institutos Normales, conferenciante sobre temas pedagógicossociales, autor generoso de literatura pedagógica, dirigente gremial del Magisterio, cofundador de la Federación Uruguaya de Magisterio. Conocía, pues, como pocos, la problemática de la educación nacional. Pronto tuvo la estatura que sólo tenían los grandes de la educación.

Tuvo uno copiosa obra, con títulos como “El Analfabetismo”, “Los programas escolares vigentes”, “El banco fijo y la mesa colectiva. Vieja y nueva educación.”, “La Escuela Rural en el Uruguay”, “La Coordinación de las Enseñanzas Primaria y Secundaria”, etc.
Era fecundo escritor de artículos. Partícipe de los Concursos Anuales de Pedagogía que tenían lugar en aquellos tiempos, recibió varias distinciones dentro de estos concursos, era frecuente colaborador de “Anales de Instrucción Primaria” y de muchas otras revistas oficiales, sindicales y técnicas. Porque eran tiempo aquellos en que las autoridades les hacían llegar a los maestros, nos hacían llegar, abundante materialbibliográfico, que recibíamos sea para las escuelas, sea para nuestra actividad personal.

Su perfeccionamiento profesional se construyó sobre el terreno, recorriendo,dialogando, como inquieto investigador con grandes competencias para el periodismo alas que voy a hacer referencia más tarde.
Su perfil era el de maestro. Era hombre de contacto fácil con la escuela. Pero era también el del pedagogo, como estudioso y como escritor. Y más aún su perfil era el del educador, si por tal entendemos el comunicador, el estimulador, el dialogante que cree que el mensaje se construye colectivamente, si por tal entendemos también, el político
de la educación.
Yo viví el placer de asistir a muchas de sus largas pláticas con maestros y campesinos. Tenía el don de recoger experiencias y sembrar sabiduría, siempre desde una cierta facilidad para ser ameno. Fue lo que llamamos hoy un educador comprometido con la realidad, con la población, con sus colegas, con la justicia social.

Me refiero a Julio Castro ahora como misionero y militante social:
Había conocido las experiencias de las misiones culturales en México en los años 20’, y estaba al tanto de las misiones pedagógicas de la España Republicana.
En 1945 se organiza la primera misión socio-pedagógica que tiene lugar en Uruguay, en Caraguatá departamento de Tacuarembó, yendo él como maestrocoordinador de 20 estudiantes de magisterio y de medicina. Yo asistí a los informes que
esa misión produjo al regresar a Montevideo, en una enorme sala que no puedo recordar donde estaba ubicada, donde trajeron testimonios de una miseria rural desconocida para la ciudad alegre y confiada. Fue aquél un impacto poderosísimo sobre la opinión pública nacional, sobre los medios de comunicación de la época, y particularmente se hizo eco de aquél acontecimiento el semanario Marcha, del cual hablaré más tarde.
Hubo una nueva misión, hubo muchas misiones, pero con Julio Castro hubo una a Pueblo Fernández, otra zona pobre, pobrísima, del departamento de Salto. Ustedes saben que en este momento tiene lugar en Uruguay lo que llamamos Debate Educativo, y con motivo de este debate, una educadora a llegado a Pueblo Fernández a promoverlo y ha escrito una carta a una colega ubicada aquí en Montevideo, que me la ha hecho llegar y en la cual dice, leo textualmente: “La directora de la escuela 40 (de Pueblo Fernández) nos dice que allí estuvo Castro con una misión socio-pedagógica.
Recorrimos el pueblo, está en una hondonada entre cerros, y se encuentra muy lejos de la ruta. Me quedo pensando: no sé si Castro se podría alegrar al ver esto, hay casitas, MEVIR, quiscos, y una desolación. Reclaman a la intendencia que se les envíe
cualquier material impreso, esa folletería que se apila en los escritorios, diarios viejos, para tener qué leer.” Hasta aquí la carta.
Durante 60 años el país ha transitado muchos caminos, menos el de resolver la pobreza de ciertos medios rurales y de resolver la histórica pobreza de la escuela rural.
Julio debe ser recordado pues como pionero de nuestras misiones pedagógicas que todavía tienen vida en algunos departamentos, y talvez allá en la sala algunos misioneros de hoy.

Julio Castro pionero de la educación rural de adultos:
Es para mí, el área de la educación rural, el área de mayor impacto de Julio Castro en nuestra sociedad y nuestra profesión. Fue alumno rural, fue educador rural él mismo, fue autor de numerosas obras sobre el tema, fue un agitador de ideas sobre esta constante, los campesinos y su educación.
Yo estuve con él en Tacuarembó en el año 1944. Yo en mi caso… el Inspector departamental organizó un encentro de maestros rurales de seis departamentos. Y allí, dos campeones de la educación rural, Julio Castro y Reina Reyes expusieron y abrieron la discusión entre todos nosotros, alrededor de las orientaciones que convenía que tuviera la educación rural. Ese fue mi primer contacto con él, en ese orden profesional.
Hubo en 1944 y 1945 dos grandes congresos, muy recordados todavía, dos debates educativos verdaderos, porque tuvieron la configuración de enfrentamiento de dos posiciones entorno a la educación rural. Se celebraron en el Ateneo de Montevideo. Yo  participé en el segundo de 1945. Había una preocupación nacional por este tema. Eran los años en que también se hablaba de reforma agraria, de las estructuras de la tierra en nuestro país. Era el año 1945, fue el año del Congreso Nacional de Colonización, que dio lugar a la sanción de la ley que creo en 1948 el Instituto Nacional de Colonización.
El Consejo de Primaria resultó fuertemente sensible a este movimiento de ideas que tenía su origen en la vida sindical, y en 1949 tuvo lugar el famoso e histórico Congreso de maestro rurales y maestros de escuelas-granjas en Pirlápolis, con 400 participantes, en el que Julio Casto hizo los mayores aportes. Hay ejemplares, hay un número de Anales de Instrucción Primaria que resume el Congreso, allí podrán encontrar las palabras de Julio Castro, como informe. Como resultado de ese Congreso, el propio Congreso (vean aquí las aplicaciones del principio de participación), el propio Congreso propuso al Consejo de Educación, presidido por Don Luís Sanpedro y aprobado por el Consejo de Enseñanza, la constitución de una comisión de tres miembros, redactora de un futuro programa para las escuelas rurales. Fue aquel grupo que reunió varios ilustres compañeros, soy el único sobreviviente de ese grupo, pero yo no era ilustre, yo era un aprendiz en aquel tiempo, bastante joven, pero recuerdo bien los aportes de Julio Castro, de Agustín Ferreiro, y otros grandes de nuestra educación.Es en ese programa de 1949, que fue aprobado en su integridad, primero por los distintos sectores (vean de nuevo el principio de participación) y luego por el Consejo de Enseñanza el 7 de octubre del 49’, donde dicen palabras propuestas por Julio Castro:
“La escuela es la casa del pueblo porque es la casa de los hijos del pueblo”.

Fue un período floreciente; teníamos el nuevo programa, teníamos las escuelas rurales y granjas, teníamos el núcleo de “La Mina”, teníamos el Instituto Normal Rural” y a partir de 1958 la sección Educación Rural en el Consejo de Enseñanza Primaria.
Siempre apoyados por Julio Castro, con reuniones, con conferencias, con su trabajo de periodista desde Marcha. Se construía algo nuevo. Tal vez tengamos que reconocer el derecho de los pueblos de vivir temporadas en las que se tiene la intuición de que se construye o reconstruye algo nuevo que apunta hacia el futuro con posibilidades de materialización.
Aquello se derrumbó, o mejor dicho lo derrumbaron. Los reaccionarios ya funcionaban desde 1961, todo este basto movimiento (que no los voy a fastidiar en detalles porque ya he escrito muchas páginas) a partir de 1969 las reglas del juego cambiaron profundamente. Creamos una cosa nueva, una respuesta nueva. En una gran asamblea en el Paraninfo de la Universidad, el Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER). Creamos una ONG, de las que ahora tanto nos valemos para empujar nuestras ideas. Aquella era un Instituto Cooperativo financiado por los maestros, que
sustituyó a la sección Educación Rural en el Consejo, para hacer llegar asistencia técnica, materiales a los educadores del país. El Instituto tenía una Comisión Asesora, con tres grandes: Julio Castro, Yolanda Vallarino y Enrique Brayer. Naturalmente fue un período de lucha, y muchos de ustedes los más veteranos recordarán el famoso artículo de Julio Castro en Marcha titulado Los caballos en la huerta. No lo voy a describir porque no tenemos mucho tiempo.

Debe ser entonces Julio Castro recordado también en este aspecto como un pensador, realizador en materia de educación campesina, entendida entonces como, educación en la comunidad, educación también para jóvenes y adultos. El campo fue una constante en su vida. Nació en el campo, trabajó por el cambio campesino, contribuyo a que los maestros del campo trabajáramos con mayor competencia y retribución, y murió siendo productor rural en Tacuarembó.

Julio Castro periodista
Era reconocido como un hombre de pluma ágil, rápida, incisiva. Fue co- director de Marcha, el famoso semanario fundado por el gran periodista, pensador y político Carlos Quijano, del cual Julio Castro era su mano derecha. Su contribución, la Marcha, a nuestra formación fue inmensa, porque era una tribuna de ideas inspiradas por una visión de un lugar políticamente dinámica, políticamente tendiendo hacia la justicia.
Trabajaba en Marcha con su propia firma y con seudónimos, desde el análisis más riguroso hasta la humorada, siempre con los hechos de la realidad como ámbito constitutivo de sus artículos. No era un sociólogo, sino un observador crítico de la sociedad, progresivamente inclinado, a medida que avanzaba el país, a un cierto escepticismo. Leo de uno de sus artículos en Marcha: “Aquí vivimos en un mundo de merengue, batimos y re-batimos claras de huevo y azúcar, cuando hemos llegado a soluciones, ellas son espuma, y como espuma que son, sirven solo de adorno y se pierden en la nada. Con los rancheríos, con la reforma agraria, con los desalojos rurales, con los créditos agrícolas, ha pasado y pasará lo mismo: hablamos de un problema y lo damos por resuelto, pero en los hechos, en lo concreto, NO HACEMOS NADA.” Escrito en 1945, hace más de 60 años.
Sin embargo Julio no era un pesimista, vivió y murió combatiendo, haber sido pesimista hubiera sido una contradicción con su manera de ser.
Así como, en tanto educador fue un gran divulgador, como periodista fue un gran educador. Abría los problemas, describía sus elementos fundamentales, señalaba crisis y posibilidades con sencillez, con esa pedagogía política que tanta falta sigue haciendo en el país. Era un formador nato, un difusor severo y a la vez ameno de sus cuantiosos saberes. De modo que, lo recordaremos como periodista en general, y sobre todo como periodista de la educación. Fue él y sigue siendo el más grande cronista de la educación que ha tenido el país en términos periodísticos.

Julio Castro hombre de América Latina
A partir de 1943, asistió en Chile a una reunión sindical. Que yo sepa, actuó en México, Costa Rica, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Panamá, Honduras, Guatemala y Cuba.
De regreso de un largo viaje, por nuestra columna vertebral región andina, dictó unas clases en la sede de AEBU, unas conferencias que fueron recogidas en un folleto interesante todavía de leer: Como Viven Los De Abajo En América Latina. Él era un hombre de abajo, que se ocupaba de ‘los de abajo’, expresión que proviene de una novela de la revolución mexicana.
Asistió a muchos congresos regionales, algunas veces como delegado sindical, uruguayo, formando grandes amigos en todas partes, pues escribe para Marcha cada vez que tomaba contacto con la realidad de un país. Fue un hombre de codearse con grandes personalidades de la política de entonces en América Latina.

La UNESCO, creada en 1945, aprovechó pronto este caudal de experiencias, este caudal de saber que tenía Julio Castro, y lo llamó a colaborar. Entre 1952 y 1954, fue director del CREFAL en México, y ahí yo volví a ser su alumno (digo volví porque yo
había sido alumno de él en los cursos de vacaciones que se hacían en aquel entonces).
Estuve un año y medio en el CREFAL, y uno de mis profesores era Julio Castro, junto con grandes personalidades del movimiento pedagógico sobre todo de México y de países latinoamericanos. Eran tiempos en que nosotros aprendíamos a trabajar con la comunidad en zonas difíciles, en zonas pobres, en zonas rurales. Allí fue querido por alumnos de América Latina, porque era hombre de fácil acercamiento y muy querible.
En 1966 la UNESCO le encargó un informe sobre, leo el título La Alfabetización En El Desarrollo Económico Del Perú. Éste era un país en aquel tiempo con 40% de analfabetos, y la UNESCO preconizaba una estrecha relación entre la alfabetización y
los elementos contextuales, los económicos, los culturales, los sanitarios, etc., no una alfabetización aislada, ‘per se’, sino una alfabetización integrada a la problemática social. En su informe sobre esa misión que se le encomendó dice Julio: “Cuando en una comunidad campesina de la sierra (la sierra peruana) se enseña a leer y a escribir a gentes que viven en el suelo, comen poco y mal, tienen un sólo vestido que no pueden cambiar ni para lavarlo, habitan una choza miserable, usan arado de palo, viven aislados en lo alto de las montañas, ¿se están atacando las carencias en un orden correcto de prioridades? El hecho de saber leer y escribir, ¿modifica en algo la vida del campesino cuando las demás condiciones permanecen intocadas? Esta reflexión me parece a mi tiene actualidad; de que manera integramos la alfabetización en otro tipo de procesos que garanticen la efectividad y la permanencia de la alfabetización.
Entre 1967 y 1970 Julio hizo un trabajo difícil también, por cuenta de la UNESCO, constituyéndose o siendo designado Consejero Técnico Principal del proyecto piloto de alfabetización que tuvo lugar en tres zonas experimentales en Ecuador. No se le subió a la cabeza el cargo de Experto Jefe, como era. Era un funcionario internacional muy poco convencional: trabajaba duro, iba al terreno, hacía amigos, tomaba conocimiento directo de los problemas del medio. Tuve la suerte de acompañarlo, de recorrer con él los andes ecuatorianos y de verlo trabajar en las comunidades.
Sin duda Julio debe ser entonces, recordado como un trabajador internacional, y como un hombre de América Latina. Esa América Latina, escribió Hugo Alfaro, otro grande de los tiempos de Marcha, que era como el jardín del fondo de su casa. Termino con Julo Castro persona

Fui amigo de Julio durante más de 30 años. Lo conocí en circunstancias completamente diferentes: como alumno, como amigo, como compañero de trabajo, recorriendo distintos países, en muy diferentes ámbitos, de manera que me atrevo a hablar de él como persona, sobriamente, porque las circunstancias lo exigen y
brevemente.Su perfil humano era tan rico como su perfil profesional. Era fundamentalmente un “canario” de Florida. Un hombre de campo que fustigaba la ciudad, un hombre llano.
Yo he escrito algunas veces, un canario de alpargatas, con los pies bien hincados en la tierra, es decir en la realidad. Tenía el andar y el porte de un vaqueano. Era un agitador, en el mejor sentido de esta palabra. Entraba a una reunión y cambiaba el enfoque. Abría el tema, rompía el frío y a veces, teníamos que empezar de nuevo. Era un original, un creador de inquietudes. Tenía una extraordinaria calidad humana por ser un hombre bueno, franco, intelectualmente honrado, que no se hacía trampas ni las hacía a los demás. Con él uno sabía siempre a que atenerse.
“Hablemos” decía a calzón quitao, sin ceremonias, sin protocolos, sin falsas investiduras, sin palabrerío ocioso, enemigo de superfluidades, hombre de ir al grano. El tiempo que pasábamos con él rendía mucho. Lean ustedes cuando puedan alguno de sus libros o alguno de sus artículos, y van a encontrar éstas características en su estilo, que no son de despreciar en tiempos en que a veces envolvemos los problemas en más palabras de las necesarias.
Era de una gran generosidad, desprendido en ideas, en tiempo, en comprensión de los demás, en lo que llamamos ‘gauchadas’. Fui beneficiario directo de esa generosidad.
Se podía golpear a su puerta, a su casa llegaba lo mismo, un alumno que un colega que el General Seregni.
Era un hombre de síntesis, captaba lo esencial y trabajaba sobre el meollo de los problemas. Les diría, les haría una confesión: muchas veces, frente a muchas dificultades, algunas compartidas con este mi buen amigo que está a la derecha (se refiere a Luis Garibaldi), me preguntó ¿Qué haría Julio Castro en esta oportunidad?

Eso me sirve.
Olvidado como tantos desaparecidos, el país le recuerda. Una escuela lleva su nombre, esa escuela en la que él dictaba cursos de verano y en la que yo fui su alumno en 1940, la biblioteca de la FUM (Federación Uruguaya de Magisterio) se llama Biblioteca Julio Castro, una de las residencias que tiene la FUM para alojar maestros del interior en Montevideo se llama Hogar Julio Castro, los estudiantes de magisterio han fundado un centro de extensión Julio Castro con acción en barriadas del Cerro, un modesto centro vecinal de Montevideo tiene un taller Julio Castro, muchos estudiantes se interesan por escribir tesis sobre sus obras e ideas.
Hace pocos meses, el consejero de Enseñanza Primaria Óscar Gómez descubrió en un sótano de la proveeduría escolar un montón de libros. Húmedos, arrinconados. Eran libros secuestrados por la dictadura en la Biblioteca Pedagógica, y habían quedado allí durante años. Los habían secuestrado para que los usuarios de la Biblioteca no leyeran libros sediciosos. En aquél montón de libros que exhibió el consejero Gómez para la prensa estaban algunas de las obras de Julio Castro, también había algún material mío.
Ya ven que fuimos compañeros de muchas circunstancias. Quiero destacar la actividadresistente de las bibliotecarias de la Biblioteca Pedagógica, que explica como hacían todo lo posible por salvaguardar las mejores obras del pensamiento nacional de los propósitos de la dictadura, separar aquél material por sedicioso.

“Honrar, honra”, decía José Martí. Nos estamos honrando al nutrir nuestra memoria con el nombre y la obra del maestro. Termino, todos nosotros avanzamos hacia nuestro propio fin, dejando sólo memoria. Yo quisiera ser recordado como amigo y como discípulo de Julio Castro. Gracias.”

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Comentario por María del Carmen Vázquez Clavijo diciembre 18, 2011 a las 3:14am

Sin duda fue una gran pérdida entre tantas otras lo que sucedió con el Maestro Julio Castro. Muy recomendables todas sus obras, demuestran un gran conocimiento sobre todo de la realidad de la Educación Rural.

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