En el plano de los individuos, la violencia desintoxica. Libra al colonizado de su complejo de inferioridad, de sus actitudes contemplativas o desesperadas. Lo hace intrépido, lo rehabilita ante sus propios ojos. Aunque la lucha armada haya sido simbólica y aunque se haya desmovilizado por una rápida descolonización, el pueblo tiene tiempo de convencerse de que la liberación ha sido labor de todos y de cada uno de ellos, que el dirigente no tiene mérito especial. La violencia eleva al pueblo a la altura del dirigente. De ahí esa especie de reticencia agresiva hacia la maquinaria protocolar que los jóvenes gobiernos se apresuran a instalar. Cuando han participado, mediante la violencia, en la liberación nacional, las masas no permiten a nadie posar como "liberador". Se muestran celosas del resultado de su acción y se cuidan de no entregar a un dios vivo su futuro, su destino, la suerte de la patria. Totalmente irresponsables ayer, ahora quieren comprender todo y decidir todo. Iluminada por la violencia, la conciencia del pueblo se rebela contra toda pacificación. Los demagogos, los optimistas, los magos tropiezan ya con una tarea difícil. La praxis que las ha lanzado a un cuerpo a cuerpo desesperado confiere a las masas un gesto voraz por lo concreto. La empresa de mixtificación se convierte, a largo plazo, en algo prácticamente imposible.

 Muchas veces, no es precisamente el intelectual colonizado quien se da el lugar de guía, o de padre del movimiento descolonizador, sino son los propios colonizados en pie de lucha quienes le dan ese lugar. Este es el principal problema, fruto de la colonización de la subjetividad, que limita al colonizado. Es un sujeto que aspira a traspasar las cercas que lo enclaustran en la modernidad-colonialidad pero en el fondo se piensa incapaz de construir un mundo nuevo, solo y propiamente suyo, se siente irremediablemente amarrado a ese sistema perverso. Por eso Fanon nos dice que la descolonización es la creación de hombres nuevos, “la “cosa” colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera”. Esto significa que esa fuerza y esa autonomía inicial en nuestro actuar por liberarnos, que nos hace iguales ante el resto de los hombres, que nos desbestializa, debe mantenerse por siempre, lo que significa no caer más en la inferiorización, luchar también contra ella.

¡Cuanta razón tiene FANON......Sus lecturas son interesantes.....¡¡¡

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