CANTAR PARA NO OLVIDAR
El quechua ancashino como lengua de identidad, memoria, afectividad y aprendizaje
Mauro López Arellan
Resumen
El Perú posee una extraordinaria diversidad lingüística y cultural que constituye una de las mayores expresiones de su riqueza histórica y humana. Dentro de esta diversidad, el quechua representa mucho más que un medio de comunicación: es una forma de nombrar el mundo, transmitir conocimientos, expresar sentimientos y preservar la memoria colectiva. En este contexto, el presente artículo reflexiona sobre el valor del quechua ancashino y propone el canto como una estrategia pedagógica para su enseñanza, revitalización y valoración. Se sostiene que aprender una lengua originaria mediante la música permite integrar dimensiones cognitivas, afectivas, culturales y sociales, favoreciendo aprendizajes significativos y fortaleciendo la identidad de los estudiantes. La propuesta parte de una concepción del quechua como lengua viva, dulce, afectiva y profundamente vinculada con la naturaleza y la cosmovisión andina. Desde una perspectiva intercultural, cantar en quechua constituye también un acto de memoria y resistencia cultural frente a los procesos que pueden debilitar su transmisión intergeneracional.
Palabras clave: quechua ancashino, identidad cultural, educación intercultural bilingüe, canto, lengua originaria, aprendizaje, cosmovisión andina.
Nuestro Perú es un territorio de múltiples voces. Cada pueblo, cada comunidad y cada familia ha construido a lo largo del tiempo formas particulares de nombrar la vida, interpretar la naturaleza y expresar sus sentimientos. En esas voces habita una memoria colectiva que no puede reducirse a palabras escritas en un diccionario.
Una lengua es también una manera de comprender el mundo.
Por ello, cuando una lengua originaria pierde espacios de uso, no solamente desaparecen determinadas palabras. Se debilitan también formas de transmitir conocimientos, historias, valores, sentimientos y relaciones con el territorio.
El documento que origina esta reflexión advierte precisamente que la diversidad lingüística y cultural del Perú enfrenta procesos de debilitamiento y que esta problemática se manifiesta tanto en comunidades andinas y amazónicas como en instituciones educativas rurales y urbanas.
Esta preocupación adquiere especial importancia en el contexto del quechua ancashino. Hablar de esta lengua significa acercarnos a una parte fundamental de la memoria cultural de los pueblos de Áncash, a una voz que durante generaciones ha acompañado las labores agrícolas, las celebraciones, las historias familiares, las expresiones de afecto y las diversas formas de relación con la naturaleza.
UNESCO reconoce que las lenguas indígenas constituyen vehículos del patrimonio vivo y son fundamentales para transmitir conocimientos tradicionales de generación en generación. (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad)
Por ello, defender una lengua es también defender el derecho de una comunidad a conservar y recrear su memoria.
Hay lenguas que parecen hablarnos únicamente desde la razón; existen otras que, además, poseen una particular capacidad para evocar afectos, recuerdos y pertenencia.
El quechua ancashino puede ser experimentado como una lengua dulce, cercana y profundamente expresiva. Su musicalidad permite que las palabras adquieran una particular fuerza cuando son pronunciadas, narradas o cantadas.
Pero la dulzura de una lengua no reside solamente en sus sonidos. Se encuentra también en las experiencias humanas que comunica.
Una palabra pronunciada por una madre puede tener un significado diferente cuando es escuchada en el contexto familiar. Una expresión transmitida por un abuelo puede contener décadas de experiencia. Una canción aprendida durante la infancia puede permanecer en la memoria mucho después de haber terminado la etapa escolar.
La lengua, entonces, no solamente comunica.
La lengua abraza la memoria.
Esta dimensión resulta especialmente significativa en el quechua, porque su historia está estrechamente vinculada con pueblos, territorios y tradiciones que han mantenido formas propias de comprender la existencia.
La reflexión de José María Arguedas resulta particularmente significativa en este punto. Su experiencia intelectual y vital estuvo profundamente relacionada con el mundo andino y con el quechua; su obra muestra cómo lengua, cultura e identidad pueden encontrarse en una misma experiencia humana. (Memoria Perú)
Desde esta perspectiva, aprender quechua no debería significar simplemente aprender otra estructura lingüística. Significa también aproximarse a otra sensibilidad cultural.
¿Cómo conseguir que los niños y jóvenes quieran aprender una lengua originaria?
Esta pregunta nos conduce hacia una estrategia sencilla y, al mismo tiempo, profundamente poderosa: cantar.
El texto original plantea que enseñar cantando puede constituirse en una herramienta pedagógica para revitalizar la lengua materna y fortalecer la valoración cultural.
La propuesta parte de una idea fundamental: aprendemos mejor aquello que podemos relacionar con nuestras emociones y experiencias.
Una palabra aislada puede olvidarse.
Una palabra dentro de una canción puede permanecer.
El ritmo ayuda a organizar los sonidos; la melodía favorece la repetición; la participación colectiva genera confianza; y la emoción convierte una actividad académica en una experiencia significativa.
El estudiante escucha la palabra, la pronuncia, la repite y finalmente la incorpora a su memoria.
Por eso, cantar en quechua no constituye simplemente una actividad recreativa. Puede convertirse en una verdadera estrategia de aprendizaje.
La educación no puede limitarse a desarrollar conocimientos cognitivos. Educar significa también formar sensibilidad, identidad, valores y capacidad para convivir con los demás.
En este sentido, la música posee una particular capacidad para unir razón y emoción.
El documento base identifica varios beneficios del canto en el aprendizaje del quechua: facilita la pronunciación, fortalece la conexión emocional, favorece la memoria y ayuda a superar prejuicios asociados con la lengua.
Estos elementos permiten pensar en una pedagogía de la emoción.
Cuando los estudiantes cantan juntos, disminuye el temor a equivocarse. La palabra deja de ser evaluada únicamente como respuesta correcta o incorrecta y empieza a convertirse en una experiencia compartida.
La canción puede permitir que el estudiante diga:
“Esta lengua también es mía.”
Y allí comienza algo mucho más profundo que el aprendizaje de vocabulario: comienza la construcción de identidad.
La identidad cultural no aparece de manera automática. Se construye mediante la familia, la comunidad, las experiencias educativas, las historias y las lenguas que acompañan nuestra vida.
Por eso, cuando una escuela incorpora el quechua dentro de experiencias significativas, está contribuyendo a que los estudiantes reconozcan el valor de sus raíces.
El problema surge cuando una lengua originaria es presentada como algo antiguo, extraño o exclusivamente relacionado con las generaciones anteriores.
El quechua no pertenece únicamente al pasado.
El quechua también pertenece al futuro.
Puede estar presente en una canción infantil, en una poesía, en una narración, en una obra teatral, en una sesión de aprendizaje, en una producción audiovisual y en las nuevas formas de comunicación.
UNESCO ha planteado el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas 2022–2032 precisamente para promover acciones de preservación, revitalización y promoción de estas lenguas. (UNESCO)
Desde esta perspectiva, la escuela puede convertirse en uno de los principales espacios para que el quechua recupere presencia y reconocimiento.
La Educación Intercultural Bilingüe plantea un principio fundamental: los estudiantes que tienen una lengua originaria como lengua materna tienen derecho a recibir una educación pertinente que valore su realidad lingüística y cultural.
El MINEDU señala que la EIB busca que los estudiantes puedan aprender a leer y escribir en su propia lengua y en castellano, favoreciendo su comunicación en diferentes contextos sociales y culturales. (UMC MINEDU)
Esta perspectiva permite superar una antigua concepción según la cual aprender significaba abandonar progresivamente la lengua propia para adoptar otra.
Por el contrario, una educación intercultural de calidad debería permitir que el estudiante amplíe sus posibilidades sin tener que renunciar a sus raíces.
Aprender castellano no debería significar olvidar el quechua.
Aprender otras lenguas no debería significar abandonar la lengua de nuestros abuelos.
La verdadera educación intercultural debe construir puentes, no levantar muros.
Existe una escuela que no aparece necesariamente en los libros: la escuela de los abuelos.
En sus relatos viven experiencias que difícilmente pueden encontrarse en un texto escolar. Sus palabras conservan nombres de lugares, conocimientos agrícolas, historias familiares, expresiones de afecto y formas de relacionarse con la naturaleza.
Cuando un niño aprende una canción en quechua y posteriormente la comparte con sus padres o abuelos, se produce un encuentro entre generaciones.
La escuela deja de ser un espacio separado de la comunidad.
La comunidad vuelve a entrar en la escuela.
Y la lengua vuelve a circular.
Por eso, una estrategia pedagógica basada en canciones puede involucrar a las familias: recuperar canciones tradicionales, entrevistar a los abuelos, recopilar palabras propias de la comunidad, crear nuevas canciones y traducir determinadas experiencias cotidianas al quechua.
De esta manera, la escuela puede convertirse en un espacio de investigación cultural.
Uno de los aspectos más importantes de la cultura andina es la relación con la naturaleza.
La montaña, el agua, la tierra, los animales y los ciclos agrícolas no constituyen simplemente elementos externos al ser humano. Forman parte de una realidad con la que las comunidades han construido relaciones históricas.
La lengua participa de esa relación porque permite nombrar y transmitir conocimientos sobre el territorio.
Por ello, una canción en quechua sobre el agua puede convertirse en una oportunidad para hablar sobre su cuidado.
Una canción sobre la chacra puede abrir una conversación sobre agricultura y alimentación.
Una canción sobre los animales puede permitir reflexionar sobre biodiversidad y respeto por la vida.
Así, el aprendizaje lingüístico puede vincularse con la educación ambiental.
El estudiante no solamente aprende cómo se dice una palabra.
Aprende también qué significa esa palabra dentro de una cultura y de un territorio.
Una enseñanza verdaderamente significativa no debería limitarse a repetir canciones elaboradas por otras personas.
Los estudiantes también pueden convertirse en creadores.
Pueden escribir pequeñas canciones en quechua sobre su comunidad, sus familias, sus animales, sus paisajes, sus sueños y sus experiencias escolares.
Pueden combinar música tradicional con nuevas formas de expresión.
Pueden crear poemas, diálogos y pequeñas representaciones.
De esta manera, el quechua deja de ser solamente una lengua que se conserva y se convierte en una lengua que crea.
Esta transformación es fundamental.
Una lengua vive cuando puede expresar no solamente lo que ocurrió ayer, sino también lo que las nuevas generaciones desean construir mañana.
La revitalización lingüística no debe entenderse como un intento de congelar una lengua en el pasado.
Revitalizar significa devolverle posibilidades de uso.
Significa hacer que pueda ser hablada por los niños, comprendida por los jóvenes, utilizada por las familias y reconocida dentro de las instituciones educativas.
El documento original expresa precisamente la necesidad de “revitalizar y vitalizar” la lengua materna, fortaleciendo vocabulario, gramática, cultura e identidad.
Esta diferencia es esencial.
Conservar es proteger.
Revitalizar es hacer vivir.
Y para que una lengua viva necesita nuevos hablantes, nuevos espacios, nuevas canciones y nuevas historias.
El docente que enseña una lengua originaria asume una responsabilidad que trasciende el currículo.
Se convierte en mediador entre generaciones.
Su aula puede ser un espacio donde los estudiantes descubran que su cultura tiene valor. Puede transformar una lengua que algunos consideran antigua en una lengua que los niños quieran hablar.
Pero esto exige formación, creatividad y compromiso.
No basta con incorporar algunas palabras quechuas en una actividad escolar. Se necesita construir experiencias educativas en las que la lengua tenga una función auténtica.
El docente puede comenzar con algo sencillo:
escuchar, cantar, conversar y crear.
Escuchar a los hablantes de la comunidad.
Cantar con los estudiantes.
Conversar sobre el significado de las palabras.
Crear nuevas formas de expresión.
De esa manera, la enseñanza del quechua puede dejar de ser una obligación curricular y convertirse en una experiencia de encuentro cultural.
Quizá la mayor virtud de enseñar quechua mediante canciones sea que permite recuperar una verdad que la educación algunas veces olvida: el aprendizaje también necesita emoción.
Una lengua no permanece viva solamente porque aparece en los documentos oficiales.
Permanece viva cuando alguien la pronuncia con orgullo.
Permanece viva cuando una madre se la transmite a su hijo.
Permanece viva cuando un abuelo encuentra a alguien dispuesto a escucharlo.
Permanece viva cuando un maestro la lleva al aula.
Permanece viva cuando un niño comienza a cantarla.
Por eso, enseñar cantando no es simplemente una estrategia metodológica.
Es también una forma de resistencia cultural frente al olvido.
Es una manera de decirles a las nuevas generaciones que sus raíces tienen valor.
Es recuperar una voz que pertenece a la historia del Perú y permitir que esa voz continúe hablando en el presente.
Conclusión
El quechua ancashino representa una parte fundamental de la riqueza lingüística y cultural del Perú. Su valor no reside únicamente en las palabras que contiene, sino en la memoria, los conocimientos, los afectos y las formas de comprender el mundo que transmite.
Enseñarlo mediante canciones constituye una estrategia pedagógica capaz de integrar aprendizaje, emoción, identidad y cultura. El canto facilita la pronunciación y la memoria, pero su mayor potencial reside en que permite que el estudiante establezca una relación afectiva con la lengua.
Desde una perspectiva intercultural, cantar en quechua significa abrir las puertas de la escuela a la comunidad y permitir que la memoria de los mayores dialogue con la creatividad de las nuevas generaciones.
El desafío no consiste únicamente en evitar que el quechua desaparezca.
El verdadero desafío consiste en conseguir que vuelva a ser una lengua que se hable, se escuche, se enseñe, se escriba, se cree y se cante.
Porque una lengua vive cuando tiene hablantes.
Una cultura vive cuando sus generaciones la reconocen.
Una identidad se fortalece cuando sus raíces son valoradas.
Y el quechua ancashino podrá mirar hacia el futuro mientras encuentre corazones jóvenes dispuestos a pronunciar sus palabras.
Tal vez por eso debemos enseñar a nuestros niños a cantar en quechua: porque cuando cantamos nuestra lengua, no solamente pronunciamos palabras; hacemos que nuestra memoria vuelva a respirar.
Referencias bibliográficas
Ministerio de Educación del Perú. (s. f.). Educación Intercultural Bilingüe. Oficina de Medición de la Calidad de los Aprendizajes. (UMC MINEDU)
Ministerio de Educación del Perú. (2013). Hacia una Educación Intercultural Bilingüe de calidad: Propuesta pedagógica. Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe y Rural. (Repositorio Educativo)
Osorio Tejeda, N. (2012). José María Arguedas y el lenguaje de la identidad mestiza. América Sin Nombre, 17, 75–80. (América Sin Nombre)
UNESCO. (2022–2032). International Decade of Indigenous Languages. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (UNESCO)
UNESCO. (s. f.). Living Heritage and Indigenous Peoples. Intangible Cultural Heritage. (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad)
Arguedas, J. M. (Prologuista). (1966). Mesa redonda sobre el monolingüismo quechua y aymara y la educación en el Perú. Casa de la Cultura del Perú. (Alicia)
Sugerencia editorial: para publicarlo como artículo académico, convendría dar un siguiente paso: incorporar citas académicas dentro del cuerpo del texto en formato APA 7, especialmente en los apartados sobre lengua e identidad, música y memoria, EIB, cosmovisión andina y revitalización lingüística. Así quedaría menos como ensayo de divulgación y más como un artículo académico publicable en una revista educativa o cultural.
Bienvenido a
Internet en el Aula
Un lugar de encuentro para docentes
Iniciada por reddocente en Proyectos. Última respuesta de MAURO FLORENCIO LÓPEZ ARELLÁN 25 Ago.
Iniciada por Blanca Besga en Proyectos 15 Mar.
Iniciada por Modesto Vega Alonso en Proyectos 1 Sep 2024.
Iniciada por Modesto Vega Alonso en Proyectos 7 May 2024.
Iniciada por Modesto Vega Alonso en Proyectos 1 Ene 2024.
2026 Creado por Red Social INTEF.
Tecnología de
¡Necesitas ser un miembro de Internet en el Aula para añadir comentarios!
Participar en Internet en el Aula