Desobedecer es un hecho habitual que todos practicamos, le concedamos o no legitimidad al poder establecido, a aquellos que nos gobiernan y a sus decisiones. Continuamente incumplimos la norma por múltiples motivos: por comodidad, por egoísmo,  porque nos parece absurda, ineficaz o hecha a la medida de quien la establece… Siempre podemos encontrar razones que justifiquen el desacato. Pero pocas de esas desobediencias tienen el matiz político, de búsqueda del cambio social, que se persigue con la desobediencia civil.

¿Quiere esto decir que la desobediencia civil es la forma legítima de desobedecer, cuando se busca una sociedad mejor, mientras que las demás desobediencias son, en el mejor de los casos, distintas formas de rebeldía? Evidentemente no. La desobediencia puede ser pacífica y por motivos de conciencia, pero no necesariamente pública, buscando un enfrentamiento abierto contra el poder. Otra cuestión es que este enfrentamiento, por coherencia o por un encadenamiento de circunstancias, finalmente se produzca.

Esto es lo que viene sucediendo en nuestro país, desde hace años, con el homeschooling, con la educación en casa, que es un desacato a la obligación de escolarizar a nuestros hijos; por más que se insista en que no se trata de una obligación sino del cumplimiento de un derecho: el que tienen los menores de ser educados.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/desobediencia-escolar-2

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