Internet en el Aula

Comunidades de Práctica

©Lola

El Congreso de la modernidad, el lenguaje excluyente y los SO.

Con el ánimo sosegadísimo, desde la paz de mi hotel mientras hago tiempo para salir a cenar en Granada, tengo que decir que me siento algo excluida en este congreso.
Profesores, maestros, alumnos, padres...
Hemos desaparecido del mapa, o tal vez es que se me olvida que aún no hemos sido colocadas donde nos corresponde por el simple hecho de ser, a las profesoras, a las maestras, a las alumnas y a las madres. Ni siquiera coordinadoras TIC, o toc.
No estamos en los papeles, por eso parece que no estamos.
Y se molestan si se lo haces notar, te miran como si estuvieras zumbada, fueras una pesada feminista que seguramente no liga nada, o vete a saber. La respuesta: "Pues yo no soy machista" es tan simplona que me pregunto si no estamos otra vez empezando casas por el tejado en la escuela y, por tanto, en la sociedad y en la vida. Sé que a muchos y a algunas este lenguaje no les gusta. Mi más sincera comprensión hacia ellos y ellas, pero de ninguna manera aceptaré que se me excluya para que ellos y ellas no se sientan incómodos.
Esta mañana, un ponente al que ni conozco ni juzgo personalmente, porque es uno más de los que han hablado tooooodo en masculino, ha contado una anécdota muy simpática acerca de lo bien que se siente ayudando a una maestrA a hacer todo lo que no sabe ella acerca del ordenador. Es la única vez que he escuchado el nombre de mi profesión en femenino en todo el congreso. Una profesión llena hasta la bandera de mujeres de ídem. Y para uno que nos nombra, suena a chiste de torpona que empieza.
He querido, en el turno de preguntas, hacer notar este detalle porque somos ya algunas las que estamos molestas con el asunto, pero sobre todo porque me molestó a mí (se siente, tenemos derecho a sentir lo que sentimos y a expresarlo), y la respuesta, tras un malentendido en el que pensó este señor que yo me ofendía por llamarme maestra en vez de profesora (au contraire, por dios), me dijo la frase maldita: "Yo no soy machista", y encima va su mujer y lo confirma, cuando mi única intención era expresar un malestar y no averiguar quién lleva la casa (porque eso seguro que lo adivino).

Añadir por último que yo, que soy mujer, webmistress (gracias Juan, por el término) de mi colegio, madre y maestra, he desatascado el ordenador y dado cursos a compañeros varones que son auténticos zoquetes encantadores a la hora de ponerse a la tecla. Y jamás se me ha ocurrido contarlo como si fuera una gracia o una bondad mía.

Sólo nos faltaba crear el príncipe azul TIC que viene en el caballo blanco a reiniciarte el Windows porque ha ocurrido una operación no válida y tiene que cerrarse. O a encontrar la carpeta .tuxpaint, oculta para que no la veas, donde están los dibujos de la chiquillería. O a poner las notas en Séneca.

Hay más opciones para no necesitar príncipes azules reiniciadores: ser maquera y wemistress, y a mucha honra.
No tengo nada en contra de usar Guadalinex, pero o jugamos todos y todas, o pinchamos la pelota, que aquí en el congreso, en las administraciones, nuestros políticos, los sindicatos, todos usan Windows y algunos, Mac. Los Guadalinex que veo son de la administración y de algunos ponentes. Muy pocos teniendo en cuenta donde estamos, quién organiza y quién paga.

Muy masculino este congreso, tal vez por eso me sepa a poco innovador, demasiada técnica y poca escuela nueva. (esto es una maldad, lo sé, pero no pude aguantarme, me divierte ser mala ;-P)

Con el ánimo de reflexionar desde un puntito irónico festivo,
Lola, webmistress.

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Respuestas a esta discusión

Si se consulta el diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española de la Lengua sobre "género" (http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=genero), nos proporciona la siguiente información:
"género (2). 1. Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos. Cuando el sustantivo designa seres animados, lo más habitual es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos, bien por el uso de desinencias o sufijos distintivos de género añadidos a una misma raíz, como ocurre en gato/gata, profesor/profesora, nene/nena, conde/condesa, zar/zarina; bien por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del referente (heteronimia), como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera; no obstante, son muchos los casos en que existe una forma única, válida para referirse a seres de uno u otro sexo: es el caso de los llamados «sustantivos comunes en cuanto al género» (→ a) y de los llamados «sustantivos epicenos» (→ b). Si el referente del sustantivo es inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, césped, día) o solo femenino (mesa, pared, libido), aunque existe un grupo de sustantivos que poseen ambos géneros, los denominados tradicionalmente «sustantivos ambiguos en cuanto al género» (→ c).
(...)
2. Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos
2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.
2.2. Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.; → 2.1), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.
(...)"

Sin embargo, creo que hubiese sido mejor usar vocablos como "profesorado", "alumnado", etc. como bien indica María L. en la primera respuesta.

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El lenguaje crea el pensamiento. El pensamiento crea el sentimiento.
Lo que no se nombra, en el inconscientemente, no existe.
A los niños y las niñas, al alumnado, no les cuesta trabajo usar el lenguaje inclusivo, sólo nos cuesta a los que no tenemos costumbre. Dato a tener en cuenta.
A las mujeres, a muchas, a mí, me encanta ser nombrada. Cuando se habla de la Historia del Hombre, siempre imaginaba a un señor con barba, enorme y con un garrote, una espada o algo que le daba poder. Habrá quien no lo crea, pero eso tiene mucha enjundia psicológica.
No me doy por aludida cuando me llaman profesor, porque no soy un profesor.
En un aula de 3 años, en asamblea, les dije: "Y ahora todos los niños se van a sentar en las mesas". Sólo se fueron a sentar los niños, efectivamente. Las niñas no pensaron que el diccionario decía tantas cosas interesantes y se quedaron en el suelo.

Yo era de las opositoras a cambiar el lenguaje cuando empezó esto de la Coeducación, la Igualdad, etc ( que no olvidemos beneficia tanto a hombres como mujeres, aunque ahora cueste trabajo verlo tal como es, apenas estamos en pañales y se vive como agresión, pero es justo lo contrario). A mí también me parecía tedioso, hasta que empecé a oír cómo aparecía yo en lo que se decía, en los textos... y empezó a gustarme y ahora no me cuesta tanto, y creo que es algo bueno para todos y todas. Es cuestión de tiempo que la palabra "miembra" esté en el DRAE, aunque yo no lo veré, ¿O es que el diccionario sigue siendo el mismo de hace 50 años? ¿escribimos igual que Cervantes? ¿Hablamos con los mismos términos? ¿No han aceptado montones de palabras nuevas porque llegan las TIC atropellando? ¿Por qué los términos informáticos sí y nosotras no? ¿Quién tiene miedo y de qué?

Yo no tengo miedo, no enarbolo banderas, intento tener paciencia, pero reclamo lo que es mío y de todas las que son mujeres como yo. Cuando se nos critica por todo esto, siempre se nos acaba llevando al terreno del que no nos quieren dejar salir y que aún se cree que es en el único sitio donde sabemos movernos con soltura: el hogar. Hogar que mejoraría mucho, igual bajaban los divorcios, si se eliminara el resentimiento oculto de tantas amas de casa que no están contentas con sus vidas. A las que lo estén, mi más sincera enhorabuena, pero yo quiero tener opciones varias, todas, como ellos. Sólo quiero tener la libertad de poder elegir. Sólo quiero respeto. Y también les quiero a ellos, a mis compañeros, hijos y amigos hombres, que tienen su propia lucha también.

En fin, que es difícil, pero no imposible.

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Muy bien traída la extensa cita, Andrés, aunque echo de menos que se expresen también las mujeres lingüistas, no sea que al final parezca que cada uno arrima el ascua a su sardina.
Efectivamente, el principio de economía del lenguaje opera sobre las lenguas por encima de las disquisiciones políticamente correctas de cada momento. Tan natural como el hecho de que una lengua no es algo sincrónicamente moldeable, sino un producto vivo y en continuo cambio. Si pudiéramos decidir sobre el lenguaje, seguramente habríamos andado otro camino distinto al del latín vulgar (o no).
Sí es posible incluir el palabro "miembra" en el diccionario teniendo en cuenta que ya se cubrieron de gloria los académicos incluyendo "modisto" (recordemos que el sufijo -ista designa profesión u ocupación, y que no es necesario distinguir "periodistos", futbolistos", "especialistos", etc.)
Por lo demás, creo (y espero) que los "-o/-a" y los "@" serán simplemente una moda pasajera que de momento sólo sirve para desquiciar a los alumnos (a ellas también), y terminaremos eliminando estas pendejadas de cualquier escrito.
Si mis palabras conducen a considerarme machista (o machisto, según se mire), pues nada, apechugaremos con el sambenito. Pero detecto una neura que se puede extender, si no lo ha hecho ya, peligrosamente: ¿habrán de hacer examen de conciencia los ponentes de congresos para no herir este tipo de susceptibilidades? ¿O se verán impelidos a justificarse cada vez que un lapsus les delate como usuarios normales de su lengua? ¡¡Vamos hombre!!
Aberraciones las justitas.

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Aberraciones las justitas.

¡¡Al fin coincidimos en algo!!

;-))

-----

aberración.

(Del lat. cient. aberratio, -onis).

1. f. Grave error del entendimiento.

2. f. Acto o conducta depravados, perversos, o que se apartan de lo aceptado como lícito.

----------

Ahora sólo falta elegir a quien decida qué es depravado, perverso o lícito. Lo bueno, lo malo, lo correcto, lo incorrecto, lo que puedo sentir y lo que no debo sentir, lo que es y lo que no es, lo que suena bien y lo que suena mal... Anda que si todo el mundo hubiera pensado siempre igual, estábamos todavía pensando que si andas y andas y andas y no te paras, llegas al final de la tierra, y te caes.

Vámonos de vacaciones mejor.

Besos y abrazos a ellos, a ellas y a ello, oye.

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Aunque te veo sobrada de razones para decir lo que dices y te veo capaz de poder con damianes, andreses, revertes y otros empecinados defensores de la ortodoxia y la aberración, que incluso se permiten pedir ayuda a otras mujeres lingüistas, y como tal, investidas de la sabiduría que dan los viejos legajos.

Que no, señores, que no, que se equivocan.
Que el lenguaje es poder, y como tal lo defienden.
No me hablen de correcciones y economías que siempre benefician a los mismos.

Si se quiere cambiar el pensamiento, el lenguaje es arma poderosa.
Y si no lo cambian quienes deben, y parece que no están por ello, aplaudo tus palabras, Lola, que lo hacen visible.

Felices vacaciones, Lola
Y besos para todas...

las personas de esta red.

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Cuando Rose Parker se subió por primera vez a un autobús para personas blancas mucha gente detecto una "neura que se podía extender". Y en efecto se extendió. Ahora Obama es candidato a presidente. Las cosas, queramos o no, cambian pero a veces necesitan empujoncitos. Este debate abierto aquí y muchos otros abiertos antes son impulsos hacia adelante generados por esta "moda pasajera" de nombrar a las cosas por lo que son. Algún día darán sus frutos y empezaremos a formar parte de la Historia. No lo dudéis.

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No hace falta recurrir a la arroba. A mí no me gusta nada.
La lengua es un reflejo de la realidad, y si durante siglos hemos vivido en un mundo androcéntrico y machista, el lenguaje lo refleja. Y si ese mundo está cambiando, inevitablemente ha de cambiar el lenguaje.

Damián, tú no cambies. Simplemente espero que llegue el momento en el que te encuentres solo en tu discurso. Como quien se niega a incorporar las TIC en el aula ;-)
Así como deseo que en la escuela las TIC representen el uso normal de nuestra forma de hacer, espero que el uso normal del lenguaje sea inclusivo.
Los "usuarios normales" de hoy no lo serán mañana.

Os paso un resumen de cosas sencillas que se pueden (y deben) hacer para poder utilizar un lenguaje inclusivo con naturalidad, tanto en el habla como en la expresión escrita, y sin que quede "raro":

• Recurrir a genéricos: “Infancia”, en lugar de “niños y niñas”, y “alumnado”,
por “alumnos y alumnas”, "profesorado" por "profesores y profesoras".
• Elegir nombres abstractos: “Alcaldía”, por “alcalde o alcaldesa”. Y también
“Presidencia”, en vez de “presidente o presidenta”.
• Usar formas dobles cuando se nombra a un grupo mixto: “Premio a la mejor
empresaria o empresario del año”.
• Erradicar el tratamiento de “señorita”, tan caduco como el de “señorito”.
• Evitar la @, que no es un signo lingüístico. Para economizar espacio,
úsese dobletes con barra (o/a). (aunque yo también lo evitaría, no se pierde tanto tiempo diciendo "alumnos y alumnas", perdemos más diciendo palabras estúpidas)
• Respetar la orden ministerial (22-05-95) que regula títulos académicos y
ocupaciones: Diplomada, arquitecta, médica, enfermera, obrera, etc.
• Flexibilizar el orden de las palabras: sólo el hábito explica que siempre se
anteponga el masculino al femenino; puede decirse “madres y padres”, o
“trabajadoras y trabajadores”.
• Dotar al discurso de homogeneidad. Cuando elijamos expresiones no
sexistas, mantengamos esta postura a lo largo de todo el texto, porque si no lo
hacemos favoreceremos la ambigüedad.

Son pautas muy simples y llevaderas. Ya veréis cómo no es para tanto, y en cuanto os acostumbréis lo que os va a sonar mal es el lenguaje excluyente.

Para más información consultad los enlaces que os pasé en la primera respuesta. Están algo caducos, lo reconozco, y es que los saqué de mi disco duro con fecha de ya no sé cuándo. A ver si algún día me actualizo.

Un dato:
Cuando se aprobó la LOE se aprobó una enmienda de no me acuerdo qué grupo político en la que se solicitaba que se utilizara un lenguaje no sexista en la redacción de la ley.
¿Se cumple?

Otro dato:
Cuando en mi centro una compañera solicitó en un claustro que se utilizara un lenguaje no sexista en la documentación, carteles, cartas, etc que se redactaran por el centro y dirigidas tanto al profesorado como al alumnado y familias, las personas que se opusieron más enérgicamente fueron las del departamento de lengua castellana, argumentándose con esas normas que nos reproduce Andrés. La mayor oposición procedió de una profesora, mujer.
La solicitud se aprobó.

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No hace mucho me dio por escribir, cansado de la arroba, con guiones bajos y me refería a "l_s profesor_s" y también a "l_s almn_s" de forma que se pudiese interpretar como inclusividad. Pero no me gustaba nada eso de omitir letras y además me pareció que los exclusivistas lo leerían todo en masculino. Recientemente leí unos párrafos en el BOE que claramente apostaban por la anteposición del femenino al masculino, sin dejar de nombrar a ambos géneros. A partir de ese momento decidí escribir "las profesoras y los profesores" y también "las alumnas y los alumnos". Me parece lo más natural. Y no sólo no cuesta nada sino que creo que durante el siglo XXI deberíamos mantener esa secuencia. Yo, para el XXII no sé lo que pensaré...

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Esperemos que en el siglo XXII ya no sea necesario y podamos utilizar el femenino como genérico (aunque algún machista se sienta no incluido).

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Siguen usándose, incluso en buenas conferencias, ejemplos chorras y facilones, populares por no decir otra cosa, para ganarse a las audiencias. Y si no, mira a partir del minuto 10. El vídeo lo encontré aquí: http://noesunamanzana.blogspot.com/2008/06/actividades-didcticas-pa...

Saludos (me habló de ti Yola)

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Hola a todos (y a todas), profesores (y profesoras), miembros (y “miembras”) de esta interesante comunidad que es Internet en el aula. Me dirijo a vosotros (y a vosotras) como un profesor absolutamente ajeno al polémico congreso. Por lo tanto, mi opinión no se referirá al uso que del lenguaje se ha hecho en el mismo, sino a esta tendencia de los últimos años, promulgada por determinados sectores feministas, que se empeña en poner el dedo en la llaga incluso cuando no hay llaga alguna.
Cierto es que existe un uso sexista del lenguaje. No puedo negar lo evidente (ni quiero). Sin embargo, aquellos (y aquellas) que han salido a combatir en esta cruzada han convertido el asunto en una pesada caza de brujas (y de brujos). Y el único perjudicado en todo esto es nuestro idioma (o, si se prefiere percibir como ente femenino, nuestra lengua).
Antes de nada, deberíamos tener claro un par de conceptos básicos, y resolver así la confusión generalizada entre género y sexo, puesto que no son lo mismo: las palabras tienen género, que es de naturaleza gramatical, y los seres vivos sexo, de naturaleza biológica. Me disculpo ante ustedes por esta obviedad, pero creo que no está de más recordarlo en estos tiempos que corren, donde la violencia machista o doméstica es mal llamada "violencia de género". Para quienes quieran refrescar su memoria con respecto a las normas que rigen el género de las palabras en español, aquí tienen un enlace al Diccionario Panhispánico de Dudas:

http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?origen=RAE&lema=género2

Se demoniza constantemente a la RAE por limitarse a hacer su trabajo, esto es, registrar los usos arraigados en la sociedad, de la cual es fiel reflejo. Las palabras, señoras y señores, no son sexistas: lo somos las personas (¿y los “personos”?).

De acuerdo con Pilar García Mouton (Doctora en Filología Románica y directora del Instituto de la Lengua Española), la duplicidad presente en expresiones como “compañeros y compañeras” no es natural, ya que en esos casos es más propio de una lengua románica como la nuestra el uso del plural masculino inclusivo “compañeros”. La mencionada duplicación, una de las soluciones propuestas para remediar el olvido de la mujer en los plurales, se convierte así en artificio agobiante que entorpece el discurso, engrosándolo de manera innecesaria. Y es que el uso genérico del masculino responde exclusivamente al principio básico de la economía lingüística. Además del dichoso recurso de la duplicación, encontramos también, como señala Inés Izquierdo Miller (asesora lingüística), la arrobamanía, que irrumpió en internet de manera implacable. Así, pasamos tod@s a ser profesor@s, alumn@s, y no sé cuántos engrendr@s lingüístic@s más.

No sé ustedes, pero yo al menos sigo refiriéndome a esa pareja que me dio la vida como “mis padres”, sin que por ello se entienda que me crió una pareja de hombres homosexuales (lo cual tampoco habría sido malo, pero no es el caso). Esta intervención mía es sólo un breve apunte, insuficiente y parcial, puesto que he obviado aquellos casos en los que el lenguaje sí es verdaderamente sexista, sin discusión alguna posible. Mi intención es llamar al sentido común. Nosotros los educadores, a quienes se nos llena la boca hablando del pensamiento crítico, no podemos (¡no debemos!) caer en las trampas de instituciones, medios de comunicación y grupos sectarios, y menos aún cuando lo que está en juego es nuestra herramienta de trabajo: la palabra. Eduquemos en valores, sí, y denunciemos el sexismo en el lenguaje, pero siempre conscientes de dónde están los límites.

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Yo no pertenezco a ninguna asociación política, religiosa, sindical, ni llevo banderas a no ser que ganemos el próximo mundial. Es mi manera de permitirme libremente decir lo que pienso y siento, no lo que me dictan.

No sé por qué os sigue dando tanta grima intentar cambiar un poco las cosas para mejorarlas. A mí los lingüistas y las lingüistas me la traen al fresco. Yo quiero que se me nombre, es un derecho que tengo y lo pido igual que cuando pido que se me deje pasar por un paso de peatones cuando voy andando, porque me corresponde y punto.

La agresión feminista, quien la vea, es que tiene que mirarse a sí mismo o a sí misma, por dentro, y pensar qué es lo que verdaderamente le molesta, le duele o le asusta. Las feministas quieren cambiar las cosas para mejor, y los machistas no saben hacerlo mejor porque nadie les enseñó, y creo que sufren mucho viviendo así. Todos y todas podemos mejorar el panorama con no demasiado esfuerzo.

La economía del lenguaje es una excusa, si fuera sensato ocultar a uno de los dos sexos, yo pediría el femenino genérico, por cambiar un poco, pero prefiero que estemos todos y todas donde nos corresponda. Algún día esta discusión sonará a tontuna y la paridad será innecesaria, pero antes hay que decirlo, porque no nos damos cuenta. ¿No os han contado nunca un chiste sobre violencia doméstica? ¿O chistes donde se ridiculiza a hombres o mujeres de una forma que si te paras a pensar es bastante cruel? Pues todo eso, lo escucha nuestro alumnado y va dejando poso, un poso que a la larga no les puede dar nada bueno. Los mensajes negativos se quedan en el alma y van doblándote la espalda a lo largo de los años.

Las instituciones no salvarán a las mujeres de nada, solamente nos amparan, no siempre de forma adecuada, para que podamos decir cosas como estas con algo de menos miedo (sí, miedo, a mí todavía se me pone el corazón en la boca cuando hablo de estas cosas porque lo menos que espero es que me llamen gilipollas o maniática) y con un poco de suerte, evitan que vaya otra al cementerio.
Pero somos únicamente nosotras, en nuestra vida diaria, en casa, en el trabajo y en los congresos, las que poniendo nuestros derechos a la vista y no dejando que dependencias viejas y emocionales nos ganen, las que podemos cambiar, a mejor, nuestras vidas.

El debate es inútil si no se parte del mismo sitio. De tener claro que esto es necesario y para qué es necesario. A veces no llegamos a ninguna parte porque los niveles de donde partimos están descompensados (ni mejores ni peores, sólo distintos).

Los hombres y las mujeres que no quieren, ganarían mucho apoyando la Coeducación, la Igualdad real (no la de los papeles), las mujeres y los hombres que sí quieren, ganaríamos mucho y los abogados y las empresas de estética y los publicistas perderían dinero, ¿a que mola?

Abrazos
Lola

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